LAS MAREAS Y LAS RIQUEZAS DE LAS NACIONES
Ocean. Alejandro Gutiérrez, Laboratorio de Oceanografía, UNA, 1996
Con este título, Robert Currie, científico del Instituto de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Nueva York, a publicado recientemente un revelador artículo (Currie 1988) en el que muestra como cambios periódicos en el clima, producidos por efectos astronómicos lunares, pueden afectar no solo las lluvias y las cosechas, sino las grandes fortunas de un continente. Efectivamente, haciendo uso de datos astronómicos (Período de rotación de plano de movimiento de la Luna, período de actividad solar), de registros de precipitación e información sobre cosechas anuales, este científico muestra claramente la notable concordancia (correlación matemática) entre máximos de precipitación y cosecha de maíz, los cuales a su vez corresponden a los períodos astronómicos apuntados. Los resultados del análisis reflejan así mismo como el citado período nodal lunar (de 18.6 años) produce máximos de cosecha superiores, aunque la actividad asociada a las manchas solares (de 11.2 años) es también causa de máximos de precipitación comparables con aquellos originados por el correspondiente movimiento lunar.
Los resultados del análisis de la cosecha de maíz en Estados Unidos, durante el período 1840 a 1980, han sido evidentes para 24 estados de la unión. Un análisis más detallado, para el estado de Pensylvania, muestra mínimos de precipitación en 1843, 1861 y 1880, en correspondencia con los máximos de atracción lunar. Luego se produce una transición hacia un nuevo patrón a partir de 1917, cuando la máxima atracción coincide con un máximo de precipitación. Este efecto prevalece hasta el año 1973, como consecuencia de un cambio de fase de 180 grados, conocido como cambio biestable. Aparecen variaciones regionales, las cuales representan fases opuestas de ocurrencia al fenómeno (onda de marea) en esas áreas colindantes.
El conocimiento previo de este fenómeno pudo haber prevenido a la nación de la gran sequía a lo largo de todo el noreste de Estados Unidos en el año 1964.
El conocimiento previo de este fenómeno pudo haber prevenido a la nación de la gran sequía a lo largo de todo el noreste de Estados Unidos en el año 1964.
Con el fin de demostrar la relación que existe entre los efectos astronómicos señalados y la economía, puede observarse en la figura 1, el comportamiento del índice de inversión (por erección de inmuebles) en ese país, en función de las épocas lunares (intervalos de máxima y mínima lunar). El gráfico revela como los mínimos valores de este índice coinciden con los valores extremos de atracción lunar, los cuales, a su vez, se correlacionan con la mínima precipitación y consecuentemente con los niveles más bajos de la cosecha. A este resultado sobre las inversiones durante el período señalado, se suman factores poblacionales, de inmigración, de gastos ferrocarrileros, de índices de precios en el mercado y de política exterior. Todo esto ha conducido al director de la Oficina de Reservas de Estados Unidos, Paul Walcker, a anunciar el redescubrimiento de los ciclos de 20 años de la economía americana, puestos en evidencia por primera vez en 1930 por el ecónomo Simón Kuznets.

FIGURA 1: Variación temporal del índice de inversión en Estados Unidos durante el período 1830-1936. (Los períodos correspondientes a valores extremos de atracción lunar han sido explícitamente señalados en la parte superior del gráfico).
De este modo, resulta fácil entender la necesidad de superar el simple empirismo mediante el tratamiento científico de la información y lograr, en un país como Costa Rica, tradicional y fundamentalmente agrícola, la oportunidad de extraer mayores beneficios de sus inversiones así como importantes resultados para la formulación de sus planes de desarrollo.
Referencias:
Currie R. 1988, Lunar tides and the wealth of nations. New Scientist. Vol. 120, No. 1637, PEL, NY
Este artículo apareció originalmente en la revista UNICIENCIA, 5 (1-2), 1988.
